Thursday, 18 February 2010

Tano querido

Te regalé un bonsai, como si eso fuera, simbólicamente, regalarte vida.

Te abracé por última vez y quise retenerte unos minutos más con nosotros.

¿Cómo olvidar tus aventuras de mar, tu pañuelito en el cuello, tus boinas, tus ojos azules, tu mano arrugada pero fuerte, los pellizcos, tu “hola nenita”, o cómo contabas orgulloso a tus amigos acerca de tu nieta “la periodista”?

Cómo se te extraña. Qué difícil es la ausencia...

¡Hasta siempre Tanito!

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